Acovachados en la oscuridad, y agazapados como pocas veces, esperamos en su casa (y Redacción de esta Revista) la llegada del añoso cumpleañero.
No se lo esperaba: fue prender la lámpara a kerosene, y saltarle al cuello más de 70 entusiastas al grito de
“Tanti auguri a te,
tanti auguri a te.
Tanti auguri Giusseppe,
tanti auguri a te."
El festejo transcurrió en un clima de sana algarabía, en el que no estuvieron ausentes las guirnaldas, las 109 velitas, el cotillón, la piñata ni los gorritos cónicos de cartón, estuvo plagado de homenajes al nonno: se conmovió la concurrencia cuando Ullrico entonó a viva voz clásicos del cancionero popular tirolés; Dimitri nos sorprendió con una danza cosaca tomado de la pierna derecha de Malaika y de la izquierda de Viviana, y las Directoras cantaron a capella “O sole mio”, debiendo realizar tres bises a pedido de la concurrencia.
Momento en que envalentonadas por las oveciones, las directoras, interpretan el segundo bis a dos voces. "...y eso que no ensayaron" comentó el maestro Allegretto, la autoridad musical de la isla.
Visiblemente emocionado, el abuelo se quebró al momento de decir unas palabras, siendo igualmente ovacionado por los presentes y levantado en andas por los invitados más entusiastas. Para rematar la fiesta, la gran sorpresa: una torta gigante, obsequio de sus amigos de la cancha de bochas, de la que salió una octogenaria de pronunciadísimas curvas en traje de baño. Enseguida nuestra Orquesta Típica OrTíN, que tampoco quiso estar ausente, se despachó con pasodobles y tarantelas, a cuyo ritmo revoleamos las panderetas toda la noche.
Regalos recibidos:
Efraín Garrido Lagunilla, portero de nuestra redacción, le obsequió una foto de Gina Lolobrigida en trusa (foto que el abuelo perdió en el confuso incendio desencadenado por los lanzallamas en la vieja Redacción).
Las Directoras de la Revista le regalaron la fiesta y un viaje a Calabria, Italia, por una semana, para reencontrarse con sus padres después de casi cien años.
El Ing. Agr. Santiago Varela, supervisor de cadetes y responsable de la plantación de orégano de la Isla, le entregó un vaso de Bob Marley para sumergir la dentadura por las noches.
La Doctora Romero, psiquiatra del estaf: una caja de Memorex Forte.
El Dr. Panderette: una caja de corega tabs y unas barritas de azufre.
Sus compañeros del Coro de Jugadores de Bochas y Tejo: un frasco de 5 kg. de berenjenas en escabeche.
Los lanzallamas de la Redacción: un encendedor italiano.
Los miembros del Movimiento N.E.G.R.A. mancomunaron esfuerzos y consiguieron un bochín auténtico firmado por el Campeón Argentino de Bochas del año 1957 (ya fallecido).
Los miembros del estaf todo hicieron traer de Calabria una encomienda con 20 kg. de polenta, 7 hormas de queso cuartirolo y 2 damajuanas de vino moscato.
Kasai Nilo le confeccionó un taparrabo de piel de morsa a prueba de incontinencias, con porta-bocha y boina al tono.
El héroe Omar Garito, el campeón Uagadugu Zomba, el preceptor Dalmiro Elbleca y Ante Nitanova, en nombre de A.C.M. el O.G.T. completo: una variedad enana de morsa, para usar de changuito y hacer los mandados.
Simba Kinte, en nombre de la Junta Isleña toda, le regalo las tribunas y el techado de la cancha de bochas de Avenida de los Corrales de Morsas, para evitar las ya clásicas insolaciones de abuelos.
Nuestro barman King Kenia y el bodeguero Kinshasa Dakar se encargaron de que nadie se quede con el pico seco.
Lusaka Bongo le regaló la comida del ágape: repulgó a la vista y horneó en el horno de barro del abuelo un total de 460 empanadas de tararira.
Como broche de oro, Malaika le obsequió un estriptís (que su padre no le dejó terminar) con el cual el abuelo quedó con el bobo entre las manos y debió ser sublinguado por el Dr. Panderette para bajar las pulsaciones.
Aconsejados por el facultativo acostamos a Don Giusseppe en su catre, y luego de constatar que estaba dormido nos fuimos a seguir con los festejos en trencito a la playa para no hacer ruido.


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El abuelo, fuera de si, maravillado por los cantos de las directoras, alcanzó a tomar estos retratos, antes de velar el rollo en un fatal descuido.Un poco de historia
Entérese el lector cómo fue que el nono pasó a integrar esta gran familia:
Argentina, Abril de 1999. Esta Revista apenas si tenía un mesito. Como cada mañana, a las 6 hs, puntualmente, Efraín (para los lectores nuevos, nuestro portero) se disponía a abrir la Redacción de Agarrame que lo mato (ubicada en el barrio de Villa Devoto, en la esquina de Habana y José Cubas de la Ciudad de Buenos Aires). Pero grandes fueron su sorpresa y su estupor al descubrir ante el portal de entrada una canasta de panadería dentro de la cual estaba el anciano, envuelto en una frazada escocesa, y con una nota manuscrita que decía: “cuidelón”. Inmediatamente y no sin esfuerzo entró la canasta y le ofreció a Don Giusseppe unos mates con galletas marineras.
Ese fue el comienzo de una nueva etapa para la Revista y para nuestras vidas. El abuelo (que aún no nos develó la incógnita de su anterior paradero, ni cómo llegó hasta aquella canasta) es en la Redacción un personaje invalorable. Sin su presencia, sus ideas, sus comentarios, y sobre todo sus tallarines al pesto y su pizza calabresa, esta Revista no sería lo que es. Sepa el lector que si bien el abuelo no ha escrito nota alguna para Agarrame que lo mato, se encuentra desde aquel momento elaborando los textos de lo que en alguna próxima edición será “La columna del abuelo”.
Tenga por lo tanto paciencia nuestro querido lector, más temprano que tarde verá en nuestras páginas las reflexiones de Giusseppe Contutti Liquantti, un tano del 900.