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miércoles, 13 de octubre de 2010

Excusivo: ¡Encontramos el Diario del Almirante de la Cuarta Carabela de Colón!

Así como lee: hallamos el Diario de Viaje del Almirante de la Cuarta Carabela, Don Blas Agapito de Malaverga y Montemenor.

El Diario completo apareció dentro de un cofre que los alumnos de A.C.M.elO.G.T. encontraron junto al cañon hallado recientemente en las profundidades de nuestro lecho marino. Luego de constatar que no poseía monedas de oro ni tesoro alguno, lo remitieron al Equipo de Arqueología Subacuática del Movimiento N.E.G.R.A. para su recuperación, conservación y estudio. Concientes del valor testimonial que este diario tiene para la humanidad, iremos publicándolo en sucesivas entregas, para evitar que se sature la güev.
Hoy, 12 de octubre, en un nuevo aniversario de San Griento en todo el continente americano, publicamos los manuscritos del 30 de septiembre y 1º de octubre de 1492, histórico momento de la llegada de la Cuarta Carabela a nuestra Isla, hoy AQLM Áilan:



Domingo treinta del mes de xeptiemvre del año de Nuestro Señor Jesuscristo un mil cuatroscientos noventa y dos:


Navegamos camino al güeste a diez millas por hora, ayudados milagrosa y grandemente por la corriente. Cuasi no queda yerva de jumar ni bocado alguno que probar. La tripulación vive nerviosa y espera ver tierra y ha días con sus noches que no haxen otra cosa que lamentarse y elucubrar motines y toda clase de revueltas, amén de celebrar varias partidas de naipes en cada turno. Túrnanse para montar guardia en la popa hazta que algún paxarillo se acerca al navío, cuando arrójanle redes para cazarlo y comerlo sin siquiera quitarle el plumage. En amaneciendo, vide un ave fermosa que posose en proa, mas queriendo salvarla cuasi caigo de bruces enredado en las tales redes de pesca.

Vése multitud de estraños animales, enormes como toninas y con afilados colmillos, que parece la mar estar cuajada dellos. Escoltan la nave y contemplan con mirada desafiánte a los marinos que osan asomarse por la borda, que tal parecen estos animales criaturas intelijentes y con entendimiento de la situación.

Transcurrió la xornada sin más sovresaltos que los haxta aquí relatados, y siendo las ocho y media de la noche el marinero Sebastián de Acatraz y Maslejo, al que apodan “Pepe Petaca”, acodado en la barandilla de proa dixo ver lumbre a lo lejos, a lo que nadie creyó por ser el tal Sebastián aficionado a las bebidas blancas, tal su poco feliz apelativo lo certifica. Sigió afirmando ver lumbre, dando voces de alerta como poseído.

Gritóme: "Almirante, muérame yo fulminado por excelso rayo si aqello que brilla en lontananza no son poblados de salvages de las Indias". Repitiólo el loro en mi hombro, por loqual corrí desde el castillo de popa a empujarlo hacia la mar, no sea que el fulminante rayo dextroze la nave. Mas en llegando pude divisar tras el horizonte un punto de lumbre titilando cual lucero. Abracé al loro como poseído, lo cual ocasionóle un severo ahogamiento del cual lamentáblemente no recuperóse, teniendo yo que arrojarlo a la mar envuelto en el estandarte del Reino de Castilla y Aragón con todos los honores que ha merecer un Vixealmirante.

Entretanto fue creciendo el alboroto en cubierta, hubo quienes quisieron llegar a nado hacia aquél punto de lumbre, lo cuál fué evitado por los feroces animales que acompañaban el derrotero de esta carabela. En queriendo imponer el sosiego, fui elevado en andas por la tripulación y, no me esplico cómo pudieron encerrarme en mi camarote, trabando la puerta con toda clase de lampazos y palos que encontraron, a lo que siguió una algarabía digna de las fiestas de San Fermín. Debí envolver mis oídos con almoadas para poder conciliar descanso.

Lunes primero del mes de octuvre del año de Nuestro Señor Jesuscristo un mil cuatroscientos noventa y dos:

Navegamos camino al güeste a cinco millas por hora. A las cuatro y treintaidós de la madrugada el tal “Pepe Petaca” abre la puerta de mi camarote a la voz de “Tierra, mi Almirante”. En calxoncillos largos y catalejo en mano me precipito a cubierta, y en viendo hacia el horixonte, puedo afirmar que no se trata más que de las Indias revosantes de riquezas y oro, tal y no ótro era el brillo que víamos anoche.

A las cinco y diez y siete de la madrugada puede al fin divisarse una fogata y varios seres que parecen mancebos de buena estatura, mugeres sinuosas con sus criaturas en hombros, todos sin exepción agitándose como en éxtasis místico, y voxes nos llegan de aquellas costas. Ordeno a los arcabuceros cargar sus armas, pero desde que he tenido que lamentar la desapacixión de mi loro, ha menguado grandemente mi autoridad sobre estos hombres. Desoyendo mis voxes de alerta, y famélicos de alimentos y diversiones, deciden éllos mismos arrojase a la serena mar y nadar los metros que nos separan de las Indias, y algunos déllos arrójanse sobre las tales criaturas de colmillos blancos, montándolas como si de corceles se tratase, que al parecer no eran tan ferozes como imaginaba. Llegando a la costa son los marinos convidados con extraños brevages, que pasan de mano en mano servidos en enormes recipientes hechos de los frutos de unos árboles que se encuentran por doquier en estas Indias, cuyo fino tronco remata en la copa con un penacho de enormes hojas.

Bien me alertó mi madre acerca del peligro de hacerme a la mar con jentes de tan baja procedencia, presidiarios con condenas perpétuas y oscuros esclavos libertos. Mejor suerte hubiese tenido de viajar en la Santa María, si no fuera porque mucho temo que junto con la Pinta í la Niña, acaso hayan naufragado entre olas tempestuosas, ya que ha treintaicinco días con sus noches que no hay señales de las antedichas carabelas.
Maldigo a los principes, rei y reina de España, a Don Cristobal Colón, a Don Martín Alonso Pinçón, al ingenioso hidalgo Don Alonso Quijano y a mi alma, por haceptar tamaño desvarío y haxerme a la mar con gentes tan peligroxas. Encomiendo mi alma al altísimo y ruego a todos los santos clemencia para este pobre servidor de vuesas magestades.

Enciérrome en el castillo de popa con varios arcabuces, que un almirante no avandona su nave mientras tenga hálito de vida.
Don Blas Agapito de Malaverga y Montemenor


Foto: los restos de la cuarta Carabela en nuestras costas, el día del hallazgo del cañón de Malaverga, 17/04/10:

jueves, 10 de junio de 2010

Información confidencial:::Si quiere puede leer, pero no lo comente

¡AQLM saluda a miembros de la Cruz Roja en su día! Consumiciones sin cargo en la Buat y en El Pez Tilente presentando carnet de sanitaristas.


Información confidencial:::Si quiere puede leer, pero no lo comente

Un misterioso manuscrito fue la punta del ovillo. Un ovillo que nunca hubiéramos sospechado que del otro lado estaba “Malaverga” y menos aún que el fulano vivía entre nosotros.

Todo comenzó una mañana que prometía ser tranquila, cuando un improvisado manuscrito (y digo improvisado porque no se escribe en un papel de lija) fue deslizado durante la noche por debajo de la puerta de la Redacción el pasado miércoles. Los lectores ya sospecharán que quien lo encontró fue Efraín (nuestro portero y miembro del estaf) cuando se disponía a barrer el umbral.

Con letra gótica y sobreactuada decía:

Que el cañón se quede en la isla, es la voluntad de los Malavarga. No me busquen.

La noticia del misterioso hallazgo corrió como reguero de pólvora y no eran aún las 6 de la matina cuando el pueblo todo ya estaba reunido en la Plaza de Marzo, entre la incredulidad y la emoción por la tan esperada aparición de un Malavarga que, en honor a la verdad, habíamos perdido toda esperanza de hallar.

Una vez leída la nota a la concurrencia, y ante la certeza de que un Malaverga estaba en nuestra querida y pequeña patria, los pasos a seguir fueron puntuales: saber quién era el misterioso descendiente, y descartar que se trate de una broma de mal gusto. Y qué mejor entonces que poner el caso en manos de Dimitri Karrposoff (encargado de espionaje interno de la Redacción y miembro del estaf), que creemos que se encontraba en la reunión caracterizado de profesor de biología cordobés con anteojos culo de botella.

Lo cierto es que sin perder tiempo el cordobés desapareció con la nota que dejara Malaverga y 15 horas más tarde Karrposoff en persona citó, en un lugar de la isla que no podemos decir donde queda, a todos los miembros de la Redacción, junto con la plana mayor de la Primera Junta Nativa y veintiún representantes clandestinos del Movimiento N.E.G.R.A. Una vez instalados entre las altas palmeras, nos entregó un prolijo y escueto informe que con pocas palabras y sin rodeos sentenciaba:

Rrrrestos de calcecillos de cobrrre y barrro me condujerron a la caverrrna rrrecién lijada de Ante Nittanova, y no es brrroma”

Sin decir agua va y antes de que la isla entera hierva con el notición, nos fuimos en pelotón a increpar a Ante, que estaba lijando la última estalagmita con un barquito de papel de diario en la cabeza. Antes de decir “buen día” la paró de pecho y dijo:

- Si, fui yo. Soy Malaverga por parte de madre. ¿A ustedes les parece que con lo que me cargan encima tienen que saber que mi apellido es “Malaverga”? Desde aquel día, cuando me saludan me dicen hola maní, hola chicito, ¿hay derecho a que me digan Ante Malaverga usando mi honorable apellido materno como insulto?

Intervino la Directora, conmovida con las palabras del telecomunicador local, consolándolo:

- Tiene razón, Ante. Sería redundante y de mal gusto que lo llamaran así. Va a ser mejor que esto quede entre nosotros, no creo que ninguno de los 43 que estamos acá diga una palabra, pero eso sí: le va a costar caro. Como auténtico Malaverga que es, y no se lo tome a mal, tiene que donar el cañón al patrimonio histórico de la Isla, y jurar ante nuestra Constitución Nativa que nunca jamás usted ni sus descendientes en línea recta o curva empuñará carabela alguna contra los mares del mundo todo.

El griterío no permitió que termine de hablar. Los presentes, enardecidos, intentaron levantar en andas al empolvado Ante, pero éste los contuvo exclamando:

- Shh, por favor. ¡Que si levantan la perdiz estoy frito! Sí, sí, acepto todo, les dono el cañón, les dono la carabela, como antes doné mis servicios para construir el Telo. Mamá, que en paz descanse, estaría orgullosa. Ella me había dicho que estamos en deuda con esta tierra, que los antiguos le perdonaron la vida al tataratataratatarabuelo y esa nobleza nos obliga de por vida. ¿Dónde hay que firmar?

- Yo creo que con la palabra es suficiente- intervino Kasai Nilo, taparrabero local y miembro de la Junta. -Bueno, hombre, no se nos ponga sensible, ¿a quién no lo cargaron por el apellido? A mí, de chico, me decían Nilo, saludos a Cleopatra, por el río, vió?! Y me bailaban así, de costelete.

- No llore, Ante. ¡Vamos, hombre, arriba ese ánimo!- dijo Simba Kinte, presidenta de la Junta. –¡Muchachos, levántenlo en andas! ¡A su modo, es casi un procer isleño!- Ahora sí, Ante Nitanova fue alzado sobre nuestras cabezas al grito de “¡Ante, Ante!". Lusaka Bongo nos invitó a almorzar en el Pez Tilente, y hasta allí llevamos a Ante Nitanova, donde le fue servido un taripán “especial de la casa” y un vino patero añejado en tronco hueco de palmera, cosecha 1493. Lamentablemente para Ante, Lusaka había olvidado el festejo del Día de la Cruz Roja: una multitud se había congregado en la pescadería para recibir su consumición sin cargo, y no sabemos cómo se filtró la información, que a estas horas ya estará en las tapas de todos los diarios de la tarde del planeta.


Desde acá mandamos un fuerte abrazo a Ante y convocamos a los entusiastas a inscribirse como voluntarios para la limpieza, puesta en uso y detonación del cañón isleño.
Reunión: mañana a las 4:20 AM (tolerancia: 15 minutos)
Traer “las tres P”:
puloi, piolín y pólvora.

En la imágen, Ante Nittanova en el zaguán de su caverna, lija en mano, sorprendido al ver llegar a la muchedumbre compuesta por los miembros de la Primera Junta, la Redacción y el Movimiento N.E.G.R.A.

jueves, 13 de mayo de 2010

¡Malavergas del mundo: digan presente!

Éstas son las Pirámides de Mayo que grafican los guarismos definitivos que arrojó nuestra encuesta:

Luego de que el mundo todo votara el destino del cañón encontrado recientemente en nuestro lecho marino saltan a todas luces las decisiones, por un lado, de restaurar el cañón para dispararlo a las 5:30 hs, y por el otro Qué mala verga. En relación a lo segundo, proponemos a quienes competa asuman con ahínco la tarea de subsanarlo. En cuanto a la primer decisión creemos justo, antes de llevar adelante lo que la voluntad popular eligió, notificar a los herederos del mencionado hombre de mar.

Con respecto a los esclavos y marinos que trasladaba la 4º Carabela, es público y notorio que son los ancestros de casi todos los nativos, y decimos casi porque al momento de llegar la Carabela esta Isla ya estaba poblada por un pequeño grupo de habitantes de distintas étnias, según cuenta la tradición oral. Las tempestades, los naufragios, las corrientes marinas (como dice el popular refrán: “Dios los cría y la corriente los amontona”, y no olvide el lector que fue así como llegó el Acorazado Agarrame que me embarco a estas playas) y los motines conformaron el crisol de razas original de esta querible patria. Luego el glorioso hito de la Cuarta Calavera pobló esta Isla de sinnúmero de africanos destinados a la esclavitud, que torcieron su destino y encontraron la dicha y la felicidad que hasta estos días nos embarga (vamos a llorar).

PUEBLO TODO:
CUMPLIENDO CON LO QUE EL HONOR Y EL DEBER DICTAN PUBLICAMOS DURANTE UNA SEMANA EL EDICTO que se adherirá a cada palmera en pie y recorrerá el mundo todo, vía tarariras mensajeras y el feibuk de Malaika Kenia:


sábado, 17 de abril de 2010

¡Le encontramos el cañon a Don Agapito Malaverga!

Varios estudiantes de A.C.M.el O.G.T., que esta mañana debían asistir a su primer examen parcial de buceo, mintieron por Telo al profesor Omar Garito alegando una fuerte intoxicación por taripán en mal estado y decidieron ratearse colectivamente, refugiándose en el viejo casco de Carabela encallado en la costa isleña.

Dentro del mismo yacía un cañón del siglo XV, que había pasado desapercibido al estar cubierto totalmente por poblaciones de corales, mejillones y algas, hasta el momento histórico en que uno de los educandos, queriendo "hacer lugar para echarme una siestita" (sic) removió los mismos encontrando esta antigüedad que al parecer portaba la 4ª Carabela al mando del almirante aragonés Don Blas Agapito de Malaverga y Montemenor.

En horas del mediodía el Equipo de Arqueología Subacuática del Movimiento N.E.G.R.A. remolcó el cañon hasta la costa para su estudio, para lo cual se valió de su remolcador y el tiro de 37 morsas adultas.
Un miembro clandestino del Equipo de Arqueología Subacuática del Movimiento N.E.G.R.A. prepara al remolcador para recibir las 37 riendas de morsa y proceder a la extracción del cañon. Atrás, académicos portugueses examinan la costa.

Varios voluntarios se turnan para arrojar al metal baldazos de agua para su óptima conservacion, dado que la sequedad de su superficie podría ocasionarle severos deterioros.

Científicos y académicos del mundo todo, convocados por el Movimiento N.E.G.R.A., han llegado a la Isla y se encuentran en estos cruciales instantes realizando pruebas de carbono 14 a la monumental pieza para determinar con certeza su procedencia, ya que hay tambien quienes afirman que podría provenir de un navío del pirata Francis Drake.

Por otra parte, desde las 10:20 horas de esta mañana el pueblo todo de A.Q.L.M. se encuentra sesionando en una multitudinaria Asamblea Extraordinaria, a fin de decidir el uso y destino que daremos al valioso hallazgo.

Imagen microscópica de las poblaciones incrustadas en la superficie del cañon:


Breve reseña histórica para extranjeros.

Cabe señalar un hito fundamental en la historia de nuestra Isla A.Q.L.M., harto conocido por quienes nos hemos criado aquí pero silenciado en el mundo todo por oscuros intereses: a principios de octubre del año 1492 encalló en nuestras playas la Cuarta Carabela de la flota que acompañaba al navegante Cristobal Colón. Fiel testimonio de esta historia es el casco oxidado que la marea hace emerger en nuestras costas y que es visitado por decenas de personas cada día, en el circuito turístico conocido como "Camino de la Cuarta Carabela".
Este relato se ha transmitido oralmente degeneración en generación, ya que todos los testimonios escritos han sido quemados en la hoguera virreinal para que no se manche la honra del Imperio Español.
En resumidas líneas cuenta la historia que los tripulantes de esta Carabela (en su mayoría esclavos provenientes de Sierra Leona, África), al mando del almirante Don Blas Agapito de Malaverga y Montemenor, hartos de deambular por el óceano y de los malos tratos del almirante, se amotinaron e hicieron tierra en esta Isla, habitada por pobladores provenientes de distintas corrientes migratorias (tema apasionante que trataremos en futuras notas). Como el lector imaginará, encontraron aquí toda la hospitalidad por parte de los primitivos habitantes quienes, fogón y tragos de patero mediante, recibieron a los navegantes como a viejos amigos, lo que motivó el aquerenciamiento de los recién llegados y el masivo repoblamiento isleño.

¿Cómo puedo colaborar?

- Para decidir el futuro del cañon hallado, diríjase a Plaza de Marzo megáfono en mano.

- Si desea sumarse como voluntario para arrojar agua al cañon, diríjase a la costa portando bombero loco.

- Vote ahora mismo en nuestra encuesta con el corazón en la mano (en sentido figurado, no falta el gil que...).
La encontrará arriba a la izquierda de su monitor.


Ampliaremos.
Volvemos a estudios.