Una peligrosa organización desviaba fondos de caridad provenientes de Senegal hacia el Reino Unido, con la complicidad del Cannadian Bank. Nuestro amigo debía burlar los estrictos (aunque hoy primitivos) sistemas de seguridad de la Institución para regresar el dinero a sus legítimos depositantes.
Desde el 2 de febrero del ´52, bajo la identidad de Arthur Mc Pindong, empleado contable de la tienda de montgomerys “Burn´s & Co.”, realizó diariamente los depósitos de la recaudación de esa supuesta empresa, para ganarse la simpatía de los cajeros y familiarizarse con las instalaciones del Banco cuya bóveda debía penetrar.
Así fue como trabó amistad con el cajero George W. Crush, quien en un clímax de confianza le reveló orgulloso la localización y eficiencia de los láseres ultrasensibles al movimiento.
Para sortear esas líneas invisibles sin ser detectado, tendría que llevar al límite la respuesta elástica de su cuerpo. Con este cometido, Dimitri Karrposoff se inscribió en un curso intensivo vespertino del National Ballet Ellongation, recibiéndose al cabo de seis meses con medalla dorada bajo el seudónimo de Pavel Boris Dimitroff, supuesta joven revelación de la danza rusa, y rechazando numerosos ofrecimientos para presentarse en teatros de Europa del Este y Broadway.
Paralelamente, Dimitri continuó depositando efectivo y cultivando la relación con el cajero, esperando agazapado que Crush boquease el número maestro de la combinación de la bóveda. Finalmente en la noche de acción de gracias, en un night club ottawino, George W., notablemente en copas, deslizó la contraseña en un piropo al descuido dirigido a una copera: “Baby, give me the FRJJ64358EOD of your heart”. Nuestro agente grabó la contraseña en su memoria, mediante reglas mnemotécnicas que no podemos revelar. Esa misma madrugada, dejó al alcoholizado Crush abrazado al buzón de su domicilio y se dirigió sin perder tiempo al Cannadian Bank, portando el manojo de llaves del cajero. Atravesó las puertas una a una, sorteó los láseres invisibles, introdujo la anhelada contraseña e ingresó a la bóveda.
Dimitri tomó el dinero sustraído y ganó la 1st. Avenue a toda carrera hacia el puerto, donde despachó los fajos de billetes disimulados dentro de cajas de exportación de ceniceros de madera. El camarada Karrposoff abandonó el país en el mismo buque, en el mismo cargamento, en las mismas cajas, alcanzando una contorsión cercana al 98% en la zona lumbar.
Bajo el valijón de cuero se observa una enorme tensión en las lingas de la caja: en su interior el paciente Dimitri aguarda ser despachado. El agente aduanero, luego de constatar la regularidad de la documentación presentada, dió luz verde al cargamento.
Tras varias semanas en altamar, nuestro agente arribó a la Bahía de Madang, Nueva Guinea. Pero esa ya es otra misión.