Hecha esta salvedad paso a contarles cómo es un día típico:
Para lo que es la vida isleña me levanto bastante tarde, digamos entre las 5.45 y las 6.00 am. Me levanto es un decir, porque en realidad es mamá la que me despierta: me toca la verja y el abuelo le abre la cancel para que entre con la merienda para la media mañana y un abrigo (para los nuevos lectores, vivo en casa del abuelo, en la pieza del fondo desde lo de enero).
El desayuno es con el abuelo, mate en caracola con galleta marinera. Más tarde se nos une Efrain, luego llega Evelyn, y a medida que van cayendo los otros miembros del estaf me tomo el piróscafo rumbo a la Academia. Camino por la playa o por las callecitas del centro, debo salir con tiempo porque en el trayecto firmo autógrafos y me saco fotos con turistas y admiradores, que no se quieren ir de la isla sin un recuerdo de “El Omar”. A las 7 llegan los primeros alumnos y comienza así la rutina en mi Academia de Ciencias Marinas.
La vida bajo el agua merece un párrafo aparte: paso la mitad del día bajo las profundidades, allí donde el tiempo se detiene, el clima no cuenta y la gravedad tampoco… diría otra dimensión, diría.
Lo primero que hago es llamar a Poseidón, que viene a mi encuentro y me agasaja a su manera. Cuando no viene de inmediato recurro a la infalible gota de sangre que lo trae a mis patas de rana al instante y desde donde esté.
Casi siempre paso a ver el lugar de la conexión para verificar que todo siga bien. Durante el primer recreo, a media mañana, me reúno con Dalmiro Elbleca y el resto de los docentes para organizar las clases.
Llega el mediodía y paramos a almorzar: algunos días pasa el carrito de El Pez Tilente, otras veces los alumnos me convidan con sus viandas y hacemos picnic en las playas. Otras veces si tengo suerte y estoy de mal humor, cazo mi almuerzo y lo cocino en algún fogón que improviso por ahí. Pero la mayoría de las veces almuerzo con el abuelo que me espera con tallarines al pesto y berenjenas en escabeche, o con polenta con tararira. En lo único que debo pensar al momento de elegir el lugar del almuerzo es que no esté lleno de gente porque me ha pasado de quedarme más de media hora firmando autógrafos y hablando con mis admiradores.
La siesta, ese momento tan esperado, la tomo donde me sorprenda la modorra... la he tomado en la playa, en la redacción, en el colectivo isleño, en la buat, en el acorazado, en el lecho marino, en varias cavernas,y la lista continúa…
La segunda parte del día transcurre bajo el agua. Ya cerca del anochecer suelo pasar por lo de la doctora Romero, quien me está tratando del trauma que me provocara el mentado incidente. No, no es fácil continuar mi vida de la misma manera, yo era un tipo común como usted y de la noche a la mañana me dan por muerto, y unos meses más tarde me entero que soy héroe isleño, por no mencionar los meses que pasé en tarlipe por un olvido del abuelo.
Entrada la noche me voy de duna 22 sin escala a la buat, donde me espera mi gente: King con sus consejos, Malaika con sus tragos, la alegría de los turistas y la sencillez y amabilidad de los nativos. Allí ceno, bebo y converso con amigos... y con mamá, que siempre me llama por teléfono para saber si estoy bien y si me hace falta algo.
Algunas noches me voy a la caverna de Esperanza, a seguir la joda con timba, y tragos.
La parte mas difícil del día es regresar a casa sin despertar al abuelo, que tiene el sueño liviano, así que me valgo de mil artilugios para entrar sigiloso sin interrumpir su descanso. Así termina mi día en general, pero nunca falta alguna gilada como ésta... ¡como si me rascara, dejame de joder! Ni que fuera una colegiala, tener que narrar un día entero, si todos ya saben lo que hago y dejo de hacer, ¡acá no hay intimidad! Encima lo tengo que escribir, ¿qué me vieron? ¿Cara de Evaristo Carriego? Y para pudrirla del todo me apuraron con que la nota tenía que estar lista para salir el sábado, aflojen, ¿quién son? ¿Niuiortaim? ¡Taquete parió!
Fotos de archivo.
Mi siesta reglamentaria en el lecho marino:
Momento en que finalmente me encontraron en casa del abuelo:
¿Quiere ver más fotos del Omar?